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LA HINCHADA Y EL CLUB QUE TODO LO PUEDEN

de Christian Gaston Acosta, el Viernes, 17 de junio de 2011, 12:49

 

Que lo soñé de otra forma no lo niego, que me imaginé otra cosa en la cancha es cierto, que el gol de Alonso convertía mi sueño en realidad también, pero lo de ayer fue increíble y lloré como un niño. Pequé de ingenuo, pequé de nuevito en esto de las finales de Copa y pensé que iba a ser más fácil, pero me olvidé de todas esas historias que le escuché repetir a mis abuelos y padres cientos de veces, para el Campeón del Siglo nada es sencillo, será por eso que me la contaron tantas veces? Para que aprendiera que cuanto más difícil e imposible parece ahí renace PEÑAROL? (en una semana te cuento).

 

Toda mi vida esperé este momento, en la tribuna y con los mismos amigos que hace años vamos a la cancha a ver a nuestro querido PEÑAROL jugar la final de una Copa Libertadores. Ayer era especial, ayer me pareció ver a mi abuelo que ya no está varias veces, me acordé de mi viejo en muchos momentos del partido y viví intensamente cada segundo del mismo. No podía creerlo, después de tantas veces de ir al estadio sin que se jugara nada, anoche fuí al coloso por una final de Copa Libertadores!!!

 

Esta última semana ha sido distinta, noches sin dormir, muchos nervios y ansiedad, en el ambiente se palpitaba algo especial, Montevideo era una locura, cientos de camisetas y banderas por todos lados confirmaban que no era un noche más.

Desde temprano el Estadio comenzó a colmarse. Antes de las 20 horas ya habían más de 40.000 personas en el estadio y no sé si la gente cantaba más que de costumbre o que, pero casi ni escuché las propagandas por los alto parlantes. Había clima de fiesta, después de 24 años el Más Grande y Popular de América jugaba de nuevo una final de la Libertadores y América lo sabía. Como no iba a saberlo si nunca en su vida vieron tanta pasión como la de esta gente, de visitante o de local a lo largo de la Copa.

 

El marco fue increíble, más de 80.000 globos pintaron de Amarillo y Negro las grandes tribunas del Estadio Centenario que una vez más quedó chico. Faltaba más de media hora y el “dale alegría alegría a mi corazón” se sentía desde cualquier parte de Montevideo. El Estadio estaba de fiesta, la HINCHADA MÄS GRANDE DEL MUNDO cantaba y gritaba como ninguna. Se te ponía la piel de bolso, nunca ví tanta gente, no había ningún espacio libre, todas y cada una de las escaleras del Estadio estaban colmadas. Tuve la dicha de estar en la segunda final del quinquenio, de estar en muchísimos clásicos y finales pero el ambiente y la locura de ayer no la ví jamás.

 

Los minutos se hicieron más largos que nunca y a eso de las 21:45 se comenzó a prender fuego el Centenario. Como por arte de magia la fría y gris noche de otoño quedó primaveral. El recibimiento contra Velez quedó chico y el de ayer lo superó ampliamente. Todo tipo de fuego artificial se pudo apreciar anoche y a muchos se nos hizo difícil cantar por la emoción. Entró el Santos con el mimado Neymar, pero nadie lo notó, a nadie le importó, el mundo entero estaba apreciando la FIESTA que se vivía en las tribunas. Ya no se veía nada, luces y humo por todos lados y ahi apareció el Campeón del Siglo, inmediatamente mi amigo me dice: “que volcán Puyehue ni volcán Puyehue, esto es PEÑAROL”.

 

Los Pibes del Palacio gracias al aporte de todos los que colaboraron lo hicieron de nuevo y superaron al MEJOR RECIBIMIENTO DE LA HISTORIA de unas semanas atrás. Sin dudas fue el mejor recibimiento que el continente apreció en sus vidas, somos DIFERENTES a todos, solo PEÑAROL y su GENTE pueden hacer algo así. Desde el primer partido marcamos el camino y ganamos en las tribunas, ayer fue esa frutilla a la torta, batimos records de entradas, presentamos la BANDERA MAS GRANDE DEL MUNDO y ofrecimos LOS MEJORES DOS RECIBIMIENTOS DE LA HISTORIA. La HINCHADA cumplió y ganó esta Copa Libertadores por goleada.

 

En Febrero te firmaba con los ojos cerrados la posibilidad de estar en una final de Copa Libertadores y empatar 0 a 0 el primer tiempo. Poco me hubiera importado con tal de vivir algo así. Esta copa ha sido histórica por todo lo que hemos vivido, juntos hemos logrado cosas increíbles, tanto los jugadores como los hinchas hemos realizado grandes hazañas, ahora vamos por la más grande de todas, traernos la Copa de Brasil.

Manya, date cuenta y acordate de todo los que tus padres y abuelos te contaron del PEÑAROL de los milagros, acordate de las muchas veces que parecimos estar vencidos pero que lo dimos vuelta, acordate de los goles en la hora, de las remontadas milagrosas, este es NUESTRO MOMENTO de volver a escribir la historia, hay que sacar fuerzas de donde no hay, es el momento de demostrar guapeza, coraje, garra. Hay que ir a Brasil a ganar, es difícil, vuelve Ganzo, vuelve su capitán, ellos solo perdieron un partido a lo largo de la Copa, el primero y de visitante, están invictos de local, es casi imposible para la mayoría, pero NO para NOSOTROS.

 

Si queres no te hablo más del 66, 82 y el 87, si queres te hablo de Porto Alegre, te hablo del gol del lolo en Chile o de como todos juntos le pegamos una patadita al tanque para que se cayera y errara el penal. Creelo, para PEÑAROL todo es posible, huele hazaña hermano carbonero, huele a la hazaña más grande del club porque los tiempos son otros, porque ya no tenemos el equipo del 60 o del 80, porque ahora participan 6 brasileros y 6 argentinos, porque los rivales son más poderosos que nosotros, porque las diferencias económicas son enormes, pero estos jugadores me hicieron volver a sentir y creer que todo se puede.

 

Ahora si, es la última de todas, TODOS JUNTOS una vez más, vamos por otra victoria a lo PEÑAROL, vamos por una hazaña más en las tierras del mejor fútbol del mundo, a San Pablo va la misma sangre que hizo enmudecer el Maracaná en el 50, a San Pablo va PEÑAROL y todo puede pasar…

 

 

EL QUE CALLA, OTORGA – CULTURA NACIOMALQuizás no sea el momento. Probablemente debería dedicarme a escribir acerca de todo lo lindo que estamos viviendo como parcialidad, pero ciertas cosas me obligan a mostrar una realidad que unos cuantos quieren ocultar, otros tantos protegen y el resto prefiere evitar.

 

Tiempo atrás escribí una columna que al final no salió y comenzaba así:

 

“Tras unos días bastante agitados para todos los que profesamos esta hermosa religión y conocemos de cerca el ámbito de la tribuna, propongo que cada uno que empiece a leer estas líneas se tome un instante para reflexionar y trate de apaciguar, desde su lugar, los espirales de violencia en los que -últimamente- nos hemos visto involucrados…

 

Como creo en la libertad de pensamiento y expresión, es fundamental evitar los juicios y prejuicios por lo que, no voy a emitir opinión ni a agregar datos que me constan acerca de los hechos de pública notoriedad.

 

Dejo en sus manos el análisis particular de la situación y la opción de tomar, o no, una decisión al respecto.

 

Luego de considerar las presunciones que internamente hayan deseado y de las conclusiones totalmente válidas a las que cada uno haya arribado, me gustaría comentarles algo que probablemente muchos ya hayan percibido pero -como hinchas y socios de Peñarol- no podemos omitir ni permitir.

 

Desde el humilde lugar que quienes lideran este gran emprendimiento me han otorgado, voy a plantear -sin más preámbulos- lo que considero es una acción injusta y peligrosa que se combina con una estrategia mediocre y lamentable que llega a insultar la inteligencia de la ciudadanía, principalmente, la de todos los Carboneros…”

 

Si mal no recuerdo, habían pasado un par de días luego del asesinato de Rodrigo Aguirre.

 

El domingo siguiente fue el clásico en el que nos vimos alevosamente perjudicados por el arbitraje, hecho que quedó en el olvido rápidamente luego del resultado hazañoso que obtuvimos sobreponiéndonos a la adversidad que presentaba el partido frente al campeón de América en su casa. Así las cosas, pasó Católica y la hazaña en Chile, después el Barcelona de La Argentina, los huevos y el milagro, y hoy estamos en la final. Los éxitos deportivos del club han superado cualquier expectativa y todo aquello que se generó tras el incidente, quedó solapado por la gran actuación de Peñarol a nivel internacional.

 

Quiero decirles que cada vez tengo menos dudas respecto a que nuestro país sufre una patología endémica difícil de tratar, en la que un sistema complejo intenta ocultar la realidad para minimizar los problemas; lo que coloquialmente podríamos denominar: “mentirnos para zafar”. Es como cuando tenemos 40° de temperatura e internamente sabemos que estamos enfermos; pero decidimos esconderlo, tomamos como cómplice a algún familiar o amigo y le decimos a nuestras madres, esposas, novias o lo que sea: “tranqui que ya estoy bien; me voy pal’ Estadio”.

 

No dejamos de tener fiebre ¿verdad? Aunque inconcientemente queramos evitarlo, los síntomas persisten y nos afectan.

 

Cualquiera que -más o menos- revise la prensa con una mínima asiduidad ha podido  observar alguna vez como ciertos gobernantes, periodistas, deportistas, dirigentes, opinólogos, etc. afirman que: “hay que erradicar la violencia del deporte; es un flagelo muy importante; estamos trabajando…” y todo ese rosario de frases hechas inútiles que no conducen a nada, hasta que llegan falacias insostenibles como que: “la muerte del hincha de Peñarol no tiene nada que ver con el fútbol”.

 

Decenas de artículos con conjeturas e información de “fuentes cercanas” de todo tipo y color que llegaron al punto de involucrar a otras instituciones y procuraron (quién sabe porqué) minimizar las circunstancias esgrimiendo algo así como un “asunto de barrios”.

 

Conclusión: fueron manejadas diversas situaciones que intentaron evitar relacionar el hecho con un problema entre hinchadas hasta que el asunto perdió fuerza ante los acontecimientos deportivos ya descritos.

 

Pero, como sucede casi siempre, la realidad es más fuerte que las intenciones de quienes desean torcerla.

 

Paradójicamente (para los que afirman saberlas todas, y apoyan a quienes defienden como tesis que unos son cultos y el resto “asesinos matafamilia”), la jueza encargada del caso, procesó por homicidio y co-autroría de homicidio a cuatro personas que confesaron ser los autores del asesinato de Rodrigo Aguirre. Jóvenes plenamente identificados con una facción de la hinchada del club de la Cultura mataron a uno muy reconocido como integrante de una agrupación de la hinchada de Peñarol.

 

Se siguió afirmando que la cuestión excedía al ámbito futbolístico. Parece obvio que estaban equivocados ¿cierto? Es claro que no alcanzó con el fallo judicial.

 

Una vez procesados y enviados a la cárcel, se dispuso que los involucrados no fueran trasladados al COMPEN (ex COMCAR) ni al Penal de Libertad, para evitar los riesgos de la reclusión en dichos recintos ya que, como es sabido, existen agrupaciones fuertes lideradas por personas que estuvieron vinculadas a Peñarol.

 

Esto no trascendió en los medios y los 4 muchachos de Lucas Piriz fueron a parar al Centro Penitenciario Juan Soler.

 

Como menciono antes, días después de este hecho en el que perdió la vida este hincha, fue el clásico entre Peñarol y el club de las buenas costumbres. Antes y durante el encuentro, en la tribuna Colombes, se exhibieron orgullosamente -en una clara señal de provocación- dos banderas de la agrupación a la que pertenecían los homicidas y, en más de una oportunidad, se pudo escuchar el cántico: “vinieron todos, Rodrigo, no”.

 

¿Alguien se hizo eco de estos hechos? Nadie. Para qué, si el tema no tenía nada que ver con el fútbol y los problemas entre hinchadas. Vendamos otra cosa que la gente se olvida…

 

Es vergonzoso y triste. Muchas veces me pregunto si se imaginan que, quienes queremos al fútbol y amamos a nuestros colores como a pocas cosas, no pensamos. Notoriamente utilizan la máxima de que los Medios Masivos de Comunicación mantienen el efecto de aguja hipodérmica que sostenía la hipótesis de un tal Lasswell a inicios del Siglo XX. Para la opinión pública las crisis son circunstanciales y fugaces; para los que necesitamos ir al Estadio casi como una inyección de vida cada semana, no es tan así.

 

Más allá de la complicidad de dueños, gerentes, productores, editores, periodistas, comentaristas que establecen la agenda sometiéndonos a esta vorágine selectiva de información, no nos pensamos callar.

 

La realidad rompe los ojos y hasta un ciego lo puede ver.

 

Como si no sobraran ejemplos, las teorías facilistas, que desvincularon la muerte de Rodrigo Aguirre del ámbito de las canchas, terminaron de quebrarse en mil pedazos (como la puerta principal del Palacio Cr. Gastón Güelfi).

 

Anoche, la Sede de Peñarol fue atacada por hinchas del club “criollo de football” durante la final de la Copa Libertadores y el mensaje fue extremadamente claro: “como Rodrigo van a haber más CNdF”.

 

Autoridades, comunicadores, dirigentes: no le mientan más a la gente; no somos tan ingenuos como para aceptar su discurso barato y conciliador para “calmar las aguas” y que lo asimilemos como otro “hecho aislado”, perpetrado por personas que no están vinculadas al club de camiseta blanca pero que no se pueden controlar sus actos. Si no los pueden persuadir, convencer o erradicar, no sean demagogos y terminen con el verso de la cultura, por lo menos hasta que lo puedan demostrar con algo más que palabras.

 

No intenten hacernos creer que acá no pasa nada y todo debe continuar como si el homicidio de un hincha, atentados a la institución y amenazas fuesen cuestiones habituales que sobrellevaremos sin cuestionarnos nada o sentir -al menos- cierta preocupación.

 

Los hinchas de Peñarol no tenemos la costumbre paranoica y de victimización constante que otros manejan. No nos sentimos perseguidos por la FIFA, la CIA, Al Qaeda, el Partido de Gobierno y la oposición, la AUF, el Colegio de Árbitros, Tenfield y alguna especie de fuerza sobrenatural que conspira contra ellos y pone todo en su contra.

 

Sabemos que la inmensa mayoría de los medios: programas con rating, suplementos de mayor tiraje y portales digitales con más visitas mantienen una línea editorial evidente y alevosa que oculta a ultranza las vicisitudes negativas que involucran al club presidido por el Sr. incuestionable, simpático, trabajador, letrado y amigo de todos, mientras que cada circunstancia que implique al Club Atlético Peñarol es sometida al más profundo y meticuloso análisis crítico.

 

Para nosotros, es como llegar tarde a algún lado, que suba el boleto o ganar un clásico; estamos acostumbrados.

 

Por eso, seguimos adelante sin mirar para el costado porque estamos convencidos que somos lo que somos gracias a nosotros y no precisamos el apoyo incondicional y cómplice de nadie para dar a conocer nuestras obras y proyectos, conseguir algo que parece imposible o expresar públicamente nuestra opinión.

 

Soy conciente que el próximo miércoles es el partido más importante para Peñarol y el fútbol de un país en más de dos décadas, pero no hay copa que valga la vida de ninguno de nosotros.

 

Ya se comparó a todos los hinchas de Peñarol con delincuentes y basura; pero no se hizo NADA por erradicar la violencia en el deporte. Nada, en lo más absoluto del término. Barrer debajo de la alfombra para que no se note la mugre, no es limpiar.

 

Basta de frases rimbombantes para que los aplaudan. Terminemos de una vez por todas con la bajada de línea hacia los medios. Si no saben qué hacer, llámense a silencio y busquen asesoramiento para actuar. Les garantizo que es mucho más sano que quedar pegado y ganarse la reprobación más absoluta de la parcialidad más grande del Uruguay.

 

Espero que, si no se nos cae una idea, por lo menos, empecemos a imitar a quienes pudieron resolver el problema… menos prensa y más acciones.

 

Si nos seguimos matando entre hinchas de fútbol y nadie hace nada, muchos de los que salen en la foto seguirán cobrando un sueldo; pero no va a quedar nadie para votarlos.

 

 

Los que crean que hay que “dejarla correr” y hacer “la vista gorda”, sigan con esa actitud tolerante y pasiva que nos ha colocado en esta situación. Para unos cuantos, es un hecho grave al que -deliberadamente- se le resta importancia. Y el que calla, otorga.

 

 

CONTINUARA …

 

La primera final de la Libertadores 2011 terminó empatada en O. Ambos equipos no supieron ni pudieron sacarse diferencias, en un partido típico de una final con poco de fútbol y mucho de dientes apretados. Todo quedó igual, sin ventajas para nadie y con un mundo de 90 minutos por delante.

 

 

Primero, la fiesta

Antes del comienzo del partido una vez más la hinchada aurinegra le demostró al mundo de lo que es capaz a la hora de recibir a su equipo. Conscientes de que el partido también se jugaba en las tribunas, los manyas no fueron avaros a la hora de desatar la fiesta, y eso se notó no solo en la magnitud del cortejo de entrada sino también en la pasión con la que los fanáticos vivieron ese tan ansiado momento. Fuego, mucho fuego, luz, color, globos, papel, canción, todo esto se conjuntó a la hora del ingreso del campeón del siglo xx para jugar su décima final de copa en el Centenario.

 

Defendiendo la ilusión

El partido, desde el comienzo y hasta el final, nunca tuvo un claro dominador, ambos equipos alternaron el control del juego e incluso también fueron variando las formas de intentar atacar a su rival. Santos, intentaba progresar en la cancha en base a mucho toque y avances en bloque. Peñarol, en contrapartida intentaba, como un capitán busca un faro en la noche, la referencia de Olivera para, basado en su juego de pivote aéreo, poder comenzar a pulsear a una defensa brasileña que, lejos de aparecer vulnerable, se mostró sólida, contrariando cualquier prejuicio acerca del fútbol norteño que se tenga más acá del Plata. Le costó a Peñarol hacer pie en una cancha que al decir de los resbalones constantes de Freitas y Martinuccio (entre otros) estaba muy complicada, aparte del ya pésimo estado del campo del Centenario desde ya hace un tiempo. Los dos tuvieron sus chances, pero ya sea por virtud de los goleros o deficiencia de los eventuales definidores, el gol no llegó y el grito quedó agazapado en la húmeda noche de Montevideo. Hasta que el grito llegó, justo al final: la locura se desató en la tribuna, pero la bandera de levantada del línea anulando el gol fue un balde de agua en el corazón encendido de los 60 mil hinchas que llenaron el coloso del Parque Batlle.

Si buscáramos la explicación para el resultado del partido, esta sería, sin duda, la gran tarea de ambas defensas. En el carbonero Alejandro González fue el punto más alto. Anuló a Neymar, a quien nunca dejó recibir la pelota cómodo y de cara al arco, las pocas veces que la joven estrella brasileña se escapó del marcaje asfixiante; el resto de la última línea mirasol (de gran noche también) supo escalonar su marca, haciéndolo quedar como un figura secundaria de la primer final. Valdez y los dos Rodríguez (por coincidencia también quienes fallaron las dos más claras chances de Peñarol en el encuentro) jugaron al límite, como se juegan estos partidos, y abrocharon un noche redonda. No sería justo olvidarnos de Sosa; no solo se mostró seguro en cada pelota y transmitió esa seguridad desde el campo a la tribuna, sino que también las dos veces que fue exigido al máximo demostró grandes reflejos y  mucho pero mucho coraje. En la otra orilla, la defensa blanca también jugó un gran partido, fue muy compacta, no evidenció fisuras y pudo, mal que nos pese, controlar a Olivera y Martinuccio. Fueron ordenandos, disciplinados y mantuvieron la calma a pesar de los embates de los dirigidos por Aguirre, sobre todo en el segundo tiempo. Si a esto que acabamos de mencionar le sumamos la inoperancia de Mier y Aguiar por un lado, y de Zé Eduardo y Elano por el otro, no es muy difícil deducir el porqué del cero en el marcador. Solo la entrada de Pacheco y el Lolo al campo hizo tambalear la firme idea del empate. El Tony generó los circuitos que antes no existieron y puso a jugar al equipo rayado cerca del arco del Peixe. Este envión impulsado por el “8” trajo aparejado que el medio de la cancha fuera zona de simple paso y el choque de ataque contra defensa fuera de ida y vuelta sin pausa. Pero esta vez el orden y la fuerza le supieron ganar la batalla al talento y la eficacia.

 

A una victoria

El ajedrez táctico que jugaron Mauricy Ramallo y Aguirre terminó en tablas. Los dos miraron el tablero, se dieron cuenta de que seguir era un capricho, se levantaron de las sillas, se dieron la mano y combinaron la próxima partida para la semana entrante. Ambos quedaron a un triunfo del título, quien logre vencer dentro de los 90 reglamentarios o, en su defecto, en el alargue de 30 minutos será el próximo campeón. De persistir el empate en la suma de los 120, ganará el equipo que mejor pateé desde el punto penal, y podrán festejar aquellos hinchas cuyo corazón pueda resistir tanta posible emoción.

 

24 años pasaron para llegar nuevamente a una final de Libertadores y, si bien el sabor que nos quedó no es tan dulce como esperábamos, tampoco podemos pretender que después de tanto esperar y sufrir la cosa sea tan fácil. ¿Fácil?, sin duda, no es una palabra que se pueda encontrar en el diccionario carbonero, nunca fue fácil, nuestra historia conoce más de palabras como hazaña, lucha, milagro; así somos, esa es nuestra identidad y negarlo sería negarnos a nosotros mismos. Que es difícil no es ninguna novedad, así como tampoco es ninguna novedad que se puede.

 

La primera película de esta zaga tuvo condimentos que la hicieron un más que interesante thriller: suspenso, acción, fuego, y algo de tristeza. Para la segunda parte se promete: mucha más acción, más suspenso, nuevos actores y, a diferencia de la primera, seguro habrá alegría, de ustedes muchachos y solo de ustedes depende que sea nuestra.

 

Continuará…

 

 

 

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