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28.9.2011 A EMBANDERAR EL PAÍS Y EL MUNDO

Les pido permiso para escribir algunas líneas de mi propia vida, espero que no se aburran y que también algunos de ustedes puedan sentirse identificados con estas humildes palabras de un simple hincha y socio de PEÑAROL.

Según cuenta la nona, mi abuelo paterno fue el hincha más fanático de PEÑAROL que conoció en su vida. Al ser del interior no tenía muchas oportunidades de venir a Montevideo para ver los partidos de su querido PEÑAROL y no le quedaba otra que escucharlo por la radio. Se encerraba en su cuarto una hora antes de cada partido y salía del mismo una hora después de que terminaba. Según mi abuela no había ninguna otra cosa que lo hiciera cambiar tanto de humor como una victoria o una derrota carbonera. Increíblemente el humor de la semana dependía en gran parte de lo que pasaba el Sábado o el Domingo con PEÑAROL (por suerte vivió en la mejor época del Campeón del Siglo y la mayoría del tiempo estaba de buen humor). Mi abuelo murió de un ataque al corazón en el año 1966, pocas horas después de aquella épica final contra River Plate y si bien los doctores nunca lo confirmaron estoy casi seguro de que el bobo le jugó una mala pasada y no aguantó tanta locura.

Mi viejo salió muy parecido a mi abuelo y también es fanático de PEÑAROL. Por suerte para mi madre con el transcurso de los años el ha aprendido a controlarse y las derrotas o victorias carboneras no le afectan tanto, pero entre otras cosas y aunque no lo crean, en sus años de juventud le enseñó a su perro a gritar los goles de Morena, y según dicen sus amigos el perro lo hacía muy bien. Uno de los recuerdos más latentes de mi niñez fue cuando mi viejo en el 87, faltando un par de minutos me dijo: “no te preocupes hijo, el año que viene será…” Yo, aún sin comprender mucho por la edad le asentí con la cabeza. A los pocos segundos después esa imborrable imágen de mi padre arriba de una mesa gritando como un loco y exclamando el viejo y querido: “Peñarol nomá” son imposibles de eliminar de mi mente.

No tuve elección, no podía no ser de PEÑAROL con un abuelo y un padre así, mi viejo me hizo socio antes de nacer, crecí escuchando cuentos gloriosos y recibiendo camisetas con los colores más lindos del mundo. Ser hincha de PEÑAROL era parte de mi y sin poder ir a la cancha por la distancia y el dinero se convirtió en parte de mi vida. Escuchar esos “clásicos” y partidos definitorios del quinquenio por radio fueron tremendos y casi imposibles de soportar.

En el 2003 y después de ir al estadio contra Fenix, en una tarde de lluvia y un frío increíble me tuve que ir a vivir al exterior por asuntos personales. Desde aquel momento cambié de ciudad, de novia, de carrera, de corte de pelo y de casi todo lo demás, pero no me imagino que desastre tendría que pasar para que deje de ser hincha de PEÑAROL.

Extrañando al Uruguay y sobre todo a PEÑAROL traté de buscar otras alternativas. A pocos minutos de donde vivía había un club muy famoso de basquetball, uno de los clubes más laureados y con más gloria de la NBA. Era una muy buena opción, era popular, ganador y con grandes jugadores. Lo fui a ver varias veces, me aprendí el nombre de sus jugadores y debo admitir que pasé lindos momentos ahí, pero a pesar de todo me faltaba algo.

Prometo que intenté quererlo, que intenté enamorarme, que intenté por todos los medios y a la fuerza auto-convencerme de que si seguía intentando algún día iba a poder sentir algo parecido a lo que sentía cada vez que iba al estadio a ver al manya, creanme que lo intenté, pero cada vez que me metía a las páginas de PEÑAROL o a los diarios del Uruguay para leer algo relacionado al manya me daba cuenta de que era muy difícil.

De todas formas seguí luchando para encontrar algo que me hiciera olvidar de mi primer amor y una noche fría del invierno de allá me convencí de que era imposible. PEÑAROL jugaba la final del uruguayo contra las gallinas. Con los nervios de punta llamé a casa (Uruguay) unos minutos antes de que comenzara el partido para buscar el consuelo de mis padres. Los minutos pasaron y no quería cortar, del otro lado escuchaba la tele y no podía desprenderme del teléfono. Le pedí a mis viejos que subieran el volúmen y que me dejaran escuchar el partido por teléfono. Solo, con frío, en una cabina telefónica y sin nadie a quien abrazar o babosear cuando Chilavert le rompió el pecho al golero y Bizera la mandó a guardar confirmé que no había nada como PEÑAROL.

Esa noche me dí por vencido, no había nada ni nadie que pudiera hacerme sentir igual. Aún me tenía que quedar un par de años más en el norte, pero ese amor real e infinito no conocía de fronteras.

Ir a ver a PEÑAROL, escucharlo por radio, tv o internet cuando no podía ir al estadio es la única cosa que hacía de niño y que lo sigo haciendo ahora. Con PEÑAROL me emocioné, canté, lloré, hice amigos y me sentí como en ningún otro lugar. A pesar de la distancia que alguna vez nos separó PEÑAROL es lo único que me hace sentir como en casa, eso de sentir que perteneces a un lugar y compartir un poco más de 90 minutos con esa gente hermosa que te rodea en el estadio y que quiere y desea lo mismo que uno no tiene comparación.

En esta época de consumismo donde tener el último celular, computadora o auto parecen ser las cosas que nos dan “felicidad” es increíble que todavía exista algo tan simple, sencillo y a la vez tan grande que nos llene de compañía, emoción y pertenencia. Esta pasión y sentimiento van mucho más allá del fútbol y ya pasa a ser de las cosas más importantes de nuestras vidas. Muchas veces los problemas, los estudios, las relaciones y quien sabe cuantas cosas más pasan a un segundo plano cuando se trata de esto mágico llamado PEÑAROL y te das cuenta de esto cuando mirás hacia atrás y aunque parezca algo extraño o superficial vemos que en muchos de los momentos más lindos de nuestras vidas esta PEÑAROL.

PEÑAROL es algo único e incomparable y la idea es que en este mes tan especial donde festejamos el aniversario número 120 de algo mucho más grande que un simple club de fútbol todos seamos parte de la fiesta y todos colaboremos para que sea un día especial.

Si para vos PEÑAROL es parte de tu vida, si por PEÑAROL lloraste, reiste, viviste y sentiste cosas que nadie más pudo lograrlo EMBANDERA el país y el mundo con los colores más lindos del planeta.

Que la semana del 28 de Setiembre podamos teñir de amarillo y negro por donde estemos es el trabajo de todos. Todos juntos trajimos a Morena, todos juntos hicimos la bandera más grande del mundo y todos juntos batimos records de venta de entradas en el campeonato uruguayo y en la Copa Libertadores. Ahora una vez más TODOS JUNTOS tenemos que teñir el país y el mundo de amarillo y negro. Por las pasadas generaciones, por las de ahora y por las que vendrán, ya que TODOS somos parte de esto único llamado Club Atlético PEÑAROL.

A EMBANDERAR el país y el mundo de amarillo y negro!!!

http://www.manyacapo.com/sitio/index.php/inicio/mas-noticias/1718-a-embanderar-el-pais-y-el-mundo.html

Peñarol festeja sus 120 años a lo grande

Peñarol vive una semana especial y hoy tirará la casa por la ventana festejando sus 120 años. La actividad prevista para hoy incluye varias actividades en Montevideo pero los hinchas de todo el país palpitan con este nuevo aniversario del club, que se pondrá en marcha con el tradicional recorrido del tren con la “Locomotora 120” a la cabeza, que partirá desde la Estación central para llegar a la Estación Peñarol, donde los niños de las escuelas 34, 166 y 365 cantarán el Himno Nacional y el de Peñarol, para luego inaugurar un monumento a un par de cuadras. Pero la fiesta más esperada será a partir de las 19.30 en el Estadio Centenario, donde una hora más tarde Peñarol enfrentará al argentino San Lorenzo, en un partido especial. Todo comenzará con el desfile de una comparsa, las inferiores del club y las peñas del país y del exterior. Además, se premiará a los campeones de los dos quinquenios, de las Libertadores y de las Intercontinentales.
Y se reconocerá especialmente a Alcides Edgardo Ghiggia y Fernando Morena, en tanto el presidente del club, Juan Pedro Damiani, ingresará al terreno de juego portando el trofeo del Campeón del Siglo junto a los ex jugadores Néstor Gonçalves, Eduardo Pereira, Walter Olivera y Pablo Bengoechea.
La ceremonia incluirá el izamiento de la bandera carbonera en la torre de los homenajes del Centenario al son del clarín de los Blandengues, y se pasará una película de 12 minutos sobre la historia de Peñarol.
A las 20.30 está previsto el choque ante San Lorenzo, aunque el equipo titular de Peñarol solo jugará 35 minutos. Luego será tiempo de ir rotando jugadores, y de que ingresen en el equipo no solo viejas glorias del club sino también cuatro hinchas que fueron elegidos por sorteo para participar de lo que será un partido inolvidable para quienes tuvieron la suerte de ganarse un lugar para estar en la cancha.
En el entretiempo del compromiso, Peñarol premiará a la hinchada con un trofeo por haber sido designada como la hinchada campeona de la Libertadores 2011 por la página web de la Confederación Sudamericana de Fútbol. Y, al finalizar el partido, el Centenario explotará, al igual que medio país, en medio de fuegos artificiales.

 http://www.eltelegrafo.com/index.php?seccion=deportes&fechaedicion=2011-09-28&bi=9

Peñarol festejó con triunfo

Peñarol festejó a lo grande, en el Estadio Centenario, sus 120 años de vida, en una noche llena de emociones, con figuras de ayer y hoy, con ídolos eternos adentro y afuera de la cancha, y con la pasión intacta como en cada primavera. Luego de los homenajes anunciados fue tiempo de fútbol, de 60 minutos ante el argentino San Lorenzo, el invitado para festejar en la cancha.
Y fue victoria carbonera por 2 a 0 en un partido que tuvo a Peñarol presentando su equipo titular en el primer tiempo, en el que se liquidó el partido: Zalayeta anotó a los 12’ el primer gol del partido, y a los 21’ Zambrana cerró el marcador.
Después fue tiempo de que el estadio siguiera explotando cada vez que alguna vieja gloria del club pisara la cancha. Porque por el equipo de Gregorio Pérez pasaron ídolos como Ruben Paz, Pablo Bengoechea, Marcelo Otero y Fernando Morena.
Todos bajo una nube interminable de aplausos y cánticos, los que ya habían aparecido a lo largo de los varios homenajes que se realizaron en la previa.
La fiesta de Peñarol fue completa. A tal punto que tres hinchas (incluyendo a una dama) se dieron el gusto de jugar algunos minutos con sus ídolos al ganar un sorteo para estar en la mismísima cancha, vistiendo la camiseta de los 120 años y pateando la pelota.
Luego del triunfo ante San Lorenzo, los carboneros cerraron una noche inolvidable en medio de fuegos artificiales y una alegría interminable, que se extenderá a lo largo de lo que resta de la semana porque Peñarol sigue de festejos.

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